El tónico es el cosmético más olvidado de la rutina, probablemente porque su formato le hace parecer medio limpiador medio hidratante. Y ya tenemos ambas funciones en otros cosméticos, ¿verdad? Deja que hoy nos adentremos en qué es exactamente un tónico y en qué casos es recomendable usarlo.
Propiedades de un tónico
Dependiendo de la formulación, los tónicos pueden tener distintas propiedades. Sin embargo, estas son las propiedades principales que se les asocian a todos ellos:
- Equilibrio del pH: Tras la limpieza, especialmente con productos acuosos que contienen tensioactivos, la piel pierde parte de su sebo natural, lo que provoca que el pH fluctúe y se desequilibre durante una o dos horas. El tónico, al ser mayoritariamente agua, restaura la hidratación y ayuda a que la piel recupere su equilibrio mucho más rápido.
- Preparación de la piel: Al rehidratar y acondicionar el rostro, el tónico deja la piel más receptiva para absorber los principios activos de los sérums y cremas que se apliquen a continuación.
- Retirada de residuos: Ayuda a eliminar cualquier resto de suciedad, exceso de tensioactivos del limpiador o aceites que no se hayan aclarado correctamente. Esta función depende de cómo apliquemos el tónico.
- Propiedades sensoriales: Aporta una sensación de frescor y humectancia. Se agradece especialmente en verano.
Luego, en función de la fórmula concreta, pueden tener propiedades adicionales como:
- Astringente: Ayuda a disminuir la dilatación de los poros (sin cerrarlos por completo, lo cual es imposible y contraproducente). Especialmente interesante para pieles mixtas, grasas o con acné.
- Tonificante: Estimula el riego sanguíneo, lo que aporta más oxígeno y nutrientes a las células, haciéndolas más activas para recibir tratamientos. Tradicionalmente se lograba con alcohol, pero en cosmética natural se usan extractos como el de castaño de indias.
- Calmante: Ideal para pieles sensibles o dañadas (por ejemplo, tras una quemadura solar), utilizando ingredientes como la alantoína o derivados de manzanilla y caléndula.
Aplicación
Ahora que ya sabemos las propiedades de un tónico, vamos a ver las tres formas de aplicarlo:
- Con disco de algodón: Se echan unas gotas en el disco y se pasa suavemente por el rostro para ayudar a retirar restos de limpiador.
- Pulverización y arrastre: Se pulveriza el tónico directamente sobre la piel y luego se pasa un algodón para repartirlo y limpiar excesos.
- Pulverización y toques: Se pulveriza sobre el rostro y se ayuda a penetrar con pequeños toques de las manos. Este método es muy útil si te lavas la cara a mitad del día, para refrescar y rehidratar la piel sin aplicar toda la rutina completa.
En resumen, un tónico es un cosmético opcional pero altamente recomendable si tienes la piel sensible o si notas que tus cosméticos tipo sérum y crema no penetran bien en la piel.
Y tú, ¿usas un tónico en tu rutina facial?
Espero que te haya gustado y nos vemos en la próxima.





Pingback: Cómo formular un tónico facial desde cero – murmulloverde.com